Klimt / Escombro
$ 500Tandil
Poesía, 2 libros en uno
Klimt, de Carina Sedevich y Escombro, de José Villa
Los poemas de Villa están trabajados con una técnica impresionista que, a partir de la enumeración de imágenes arracimadas y a veces contradictorias, desestructuran la realidad, hacen desaparecer lo figurativo y toda identidad. No queda ni el objeto ni la sensación subjetiva, solo la huella de la impresión-sensación en el lenguaje que lo actualiza en nuestra mente como “lo real”. Julia Sarachu
La poesía de Carina Sedevich logra encontrar la manera de evocar una serie de experiencias, las imágenes de una existencia real, sin excluir sus tonalidades sentimentales. Uno puede imaginar a la poeta escribiendo (…) pero no como si se enfrentara a un blanco helado de hojas por llenar, sino como si dibujara con pincel, como si ejercitara una caligrafía. Silvia Mattoni
Escombro, de José Villa –una de las propuestas más radicales de la serie– es un inventario de discontinuidades, rastros sin ninguna otra amalgama que no sea un elusivo resplandor (“dolor traducido a formas / lentas que no terminan de incrustarse”). Poesía, la de Villa, ajena a cualquier pretensión de plenitud, en versos que se escriben en una sintaxis sutilmente torsionada y esquiva. Y en el anverso, el lirismo preciso y lumínico de Klimt, de Carina Sedevich, que reinventa –como dice Silvio Mattoni en el prólogo– las formas cotidianas de decir el amor: “es invierno todavía. / El ruido de la estufa / funcionando / es el amor.” Mario Nosotti, Revista Ñ.
Klimt, de Carina Sedevich y Escombro, de José Villa
Los poemas de Villa están trabajados con una técnica impresionista que, a partir de la enumeración de imágenes arracimadas y a veces contradictorias, desestructuran la realidad, hacen desaparecer lo figurativo y toda identidad. No queda ni el objeto ni la sensación subjetiva, solo la huella de la impresión-sensación en el lenguaje que lo actualiza en nuestra mente como “lo real”. Julia Sarachu
La poesía de Carina Sedevich logra encontrar la manera de evocar una serie de experiencias, las imágenes de una existencia real, sin excluir sus tonalidades sentimentales. Uno puede imaginar a la poeta escribiendo (…) pero no como si se enfrentara a un blanco helado de hojas por llenar, sino como si dibujara con pincel, como si ejercitara una caligrafía. Silvia Mattoni
Escombro, de José Villa –una de las propuestas más radicales de la serie– es un inventario de discontinuidades, rastros sin ninguna otra amalgama que no sea un elusivo resplandor (“dolor traducido a formas / lentas que no terminan de incrustarse”). Poesía, la de Villa, ajena a cualquier pretensión de plenitud, en versos que se escriben en una sintaxis sutilmente torsionada y esquiva. Y en el anverso, el lirismo preciso y lumínico de Klimt, de Carina Sedevich, que reinventa –como dice Silvio Mattoni en el prólogo– las formas cotidianas de decir el amor: “es invierno todavía. / El ruido de la estufa / funcionando / es el amor.” Mario Nosotti, Revista Ñ.